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lunes, 19 de octubre de 2009

VIEJA LAGRIMA

de noviembre del 2006

Como en el fondo de la vieja gruta,
perdida en el riñón de la montaña,
desde hace siglos, silenciosamente,
cae una gota de agua,
aquí, en mi corazón oscuro y solo,
en lo más escondido de la entraña,
oigo caer, desde hace mucho tiempo,
lentamente, una lágrima...

¿Por qué resquicio oculto se me filtra?
¿De cuáles fuentes misteriosas mana?
¿De qué raudal fecundo se desprende?
¿Qué remoto venero me la manda?
¡Quién sabe... ! Cuando niño, fue mi lloro
rocío celestial de la mañana;
cuando joven, fue nube de tormenta,
tempestad de pasión, lluvia de ansias.
Más tarde, en un anochecer de invierno,
mi llanto fue nevasca...

Hoy no lloro... Ya está seca mi vida
y serena mi alma.
Sin embargo... ¿Por qué siento que cae
así, lágrima a lágrima,
tal fuente inagotable de ternura,
tal vena de dolor que no se acaba?
¡Quién sabe...! Yo no soy yo: son los que fueron;
mis antecesores tristes; es mi raza;
los espíritus apesadumbrados,
las carnes flageladas;
milenarios anhelos imposibles,
místicas esperanzas,
melancolías bruscas y salvajes,
cóleras impotentes y selváticas.
Al engendrarme el sufrimiento humano,
en mí dejó sus marcas,
sus desesperaciones, sus angustias,
sus gritos, sus blasfemias, sus plegarias.

Es mi herencia, mi herencia la que llora
en el fondo del ánima;
mi corazón recoge, como un cáliz,
el dolor ancestral, lágrima a lágrima.
Así lo entregaré, cuando en su día,
del seno pudoroso de la amada,
corporizados besos, otros seres,
transformaciones de mi vida, salgan.



Estoy frente a mi mesa de trabajo.
La tarde es linda. Alumbra el sol mi estancia.
Afuera, en el jardín, oigo las voces
de los niños que ríen y que cantan.
y pienso: acaso, ¡pobres criaturas!,
sin daros cuenta, en medio a la algazara,
ya en vuestro corazón se filtra,
silenciosa y tenaz, la vieja lágrima...



Luis G. Urbina

HAMLET

25 de Noviembre del 2006

Ser o no ser, es la cuestión! -¿Qué debe más dignamente optar el alma noble entre sufrir de la fortuna impía el porfiador rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas, y afrontándolo desaparecer con ellas?


Morir, dormir, no despertar más nunca,poder decir todo acabó; en un sueño sepultar para siempre los dolores del corazón, los mil y mil quebrantos que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara concluir así!


¡Morir... quedar dormidos...Dormir... tal vez soñar! -¡Ay! allí hay algo que detiene al mejor. Cuando del mundo no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños vendrán en ese sueño de la muerte!

domingo, 27 de septiembre de 2009

EL NIÑO Y LA LUNA (CUENTO)

La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira, mira. El niño la está mirando.
En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño, tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. Cómo canta la zumaya, ¡ay, cómo canta en el árbol! Por el cielo va la luna con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. El aire la está velando. de Federico García Lorca
ROMANCE CON LA LUNA, LUNA


viernes, 25 de septiembre de 2009

NIETZSCHE (de la música)



05 de Septiembre del 2006

"Dios nos ha concedido la música, en primer lugar, para que mediante ella ascendamos a las alturas. La música reúne en sí misma todas las cualidades: puede conmover, embelesar, serenar; es capaz de amansar el ánimo más tosco con sus delicados tonos melancólicos. Pero su facultad esencial es la de dirigir nuestros pensamientos hacia lo alto, la de elevarnos, conmocionarnos. Éste es sobre todo, el propósito de la música religiosa. Pero es deplorable que esta clase de música esté cada vez más alejada de su fin. A ella pertenecen también los corales. Actualmente existen muchos de éstos, que con sus lánguidas melodías se alejan excepcionalmente del ímpetu y la fuerza de los antiguos. La música también alegra el ánimo y aleja los negros pensamientos. ¡Quién no se habrá sentido embargado por el silencio, por la más espléndida paz cuando escucha las sencillas melodías de Haydn! La música nos habla a menudo más profundamente que las palabras de la poesía, en cuanto que se aferra a las grietas más recónditas del corazón. Todo lo que el Señor nos regala ha de servirnos de bendición si lo utilizamos correcta y sabiamente. Así, el canto eleva nuestro espíritu y lo conduce hacia la bondad y la verdad. Si sólo se usa la música para el regocijo, o como un medio de exhibirse entre los hombres, será pecaminosa e insana. Y es justamente esto lo que más abunda: casi toda la música moderna acusa su huella. Algo que también es muy triste es que casi todos los compositores modernos se empeñan en escribir con oscuridad. Sin embargo, es muy probable que estos períodos tan artificiales, que, quizás encanten al especialista, dejen frío al oído sano. Sobre todo, la llamada «música del futuro» de un Liszt, de un Berlioz, trata de mostrar que no es posible algo más extravagante. La música proporciona, asimismo, un agradable entretenimiento, protegiendo del tedio a todo aquél que se interese por ella. " Friedrich Nietzsche

AGONIA DE NO TENERTE

03 Agosto 2006

Un silencio profundo embarga el alma, un eco trillado son mis lamentos. Tu nombre va prendido a mi lengua, tus besos cincelados a mi espalda.Una sonrisa oscura aparento al mundo, una mirada amarga, pura hipocresía, la agonía de no tenerte en la almohada, de pensarte tantas veces en mi olvido.Y pasan los minutos como horas. Tu voz tersa y caoba truena, hace ecos en las paredes huecas y penetra en pensamientos infinitos.
Y, así, regresas y regresas, jilguero, contándome al oído tus recuerdos, reliquias del amor y del tormento, fragmentos de erupción y meteorito.




Pablo Cerda